LaTeX: el comienzo

Antes de empezar con la materia, en esta primera entrada acerca de LaTeX me gustaría explicar qué es LaTeX y por qué es interesante para lo que nos atañe: las humanidades.

Estamos acostumbrados a procesadores de texto como LibreOffice Writer, como Microsoft Office, Abiword, etc. Son programas del tipo WYSIWYG, es decir, lo que ves es lo que consigues. Cuando uno teclea y organiza su texto en un programa de este estilo está viendo, al mismo tiempo, el resultado de su trabajo, el aspecto final que tendrá una vez impreso. Sin embargo, no es la única manera de manejar un texto. De hecho, una vez que compruebes la potencia y sencillez de LaTeX el trabajo con otro tipo de procesadores de texto te resultará laborioso, poco intuitivo y de resultados más que mediocres. Las diferencias son grandes, y no solo en el resultado o en el manejo. Vamos por partes.

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Una propuesta para mejorar la UNED

EDITADO 08-02-2017: Una razón más para abogar por los formatos y las herramientas (informáticas) libres en una universidad pública es la siguiente. No está recogida, con gran pesar por mi parte, en el texto original porque ni siquiera sabía de su existencia, pero aunque sea con retraso, he decidido tomar nota y dejar constancia. El texto está sacado tal cual de http://webs.um.es/jal/41-herramientas.xml, una web más que recomendable aunque el interesado no sepa, como yo, absolutamente nada de leyes. En su web, el profesor Joaquín Ataz López, catedrático de derecho en la Universidad de Murcia, expone sus lúcidos razonamientos a favor del software libre en las instituciones públicas. Y dice así:
«El principio de neutralidad tecnológica, recogido por el artículo 4.i de la Ley 11/2007, de acceso electrónico de los ciudadanos a los servicios públicos nos exige, como funcionarios docentes, no presuponer ni exigir de nuestros alumnos la utilización de ninguna aplicación informática “concreta”. No debemos, por lo tanto, repartir material docente en ficheros para cuya lectura sea preciso tener instalado algún programa concreto; y mucho menos si se trata de un programa de pago. Lo que significa que no debemos proporcionar a nuestros alumnos ficheros en formato Word, Power Point y similares.
»Este principio no exige en realidad el uso de software libre, sino el uso de estándares abiertos. Pero es claro que usando software libre, lo estaremos cumpliendo.

»La mayoría de las licencias de uso del software propietario, son peor que leoninas. El adquirente de software propietario queda absolutamente inerme: prácticamente no se le concede ningún derecho sobre el software que adquiere. De hecho ni siquiera existe en el mundo de los conceptos jurídicos una palabra que describa correctamente su posición jurídica, pues es evidente que la palabra “propietario” no sirve para describir las facultades que se conceden al comprador de software. Deberíamos más bien llamarlo licenciatario, e incluso, si se me permite un juego de palabras, dado lo poco que esas “licencias” autorizan, sería un auténtico licenciatario light, bajo en licencia.

»No es razonable que un “entendido en Derecho” acepte esas condiciones abusivas, sobre todo cuando hay una alternativa sencilla: el software libre.»

A partir de aquí, el texto original de mi propuesta:
En este curso, la UNED ha puesto en marcha una plataforma para recoger ideas de alumnos y profesores, discutir sobre ellas y crear una comunidad para mejorar la universidad. Esta plataforma se llama «Horizonte UNED 50» (lo siento, pero no podrás entrar sin un nombre de usuario válido de esta universidad).
En esta plataforma he visto, después de buscar entre los cientos de propuestas que aparecen, que apenas hay mención a los problemas, tan graves a mi juicio, que aquejan a esta universidad según sabéis si habéis leído mis últimas entradas al respecto: esta y esta. Por eso me he decidido a escribir mis propias ideas y empujar un poquito la causa del software libre. Había hecho una propuesta que abarcaba dos aspectos fundamentales, el de los textos básicos, que tanto hemoos mencionado, y el del software y los formatos libres. Ambos temas están muy relacionados, pero finalmente terminaron siendo propuestas idependientes.

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Manual básico de SSH y NFS.

Últimamente he estado asistiendo a un curso llamado «Administración y explotación de redes con GNU/Linux» en el que, aunque el nivel era muy básico en algunos aspectos, aprendí unas cuantas cosas muy interesantes, porque es difícil llegar a un sitio nuevo y no aprender nada de nada. Para no aprender nada de nada hay que entrar predispuesto.

Como trabajo de fin de curso he elaborado una presentación sobre un tema concreto dentro del temario, mejor dicho, dos temas, SSH y NFS. Sobre SSH ya sabía algo [1], pero no sobre NFS, y es una herramienta muy potente.

He querido compartir este pequeño trabajo con todos por si a alguien le sirve de algo, que espero que sí. Es muy básico y sencillo, y está pensado para apoyar una presentación de viva voz, pero creo que se entiende todo bastante bien. Desde luego, no es como los tutoriales de CeeC [2], pero bueno, es lo que yo soy capaz de hacer.

Presentación en PDF sobre SSH y NFS.

Espero que os guste.

Enlaces:

[1] https://bokunoshumi.wordpress.com/2013/07/23/convierte-tu-raspbery-pi-en-un-servidor-de-descargas-el-proceso-basico/

[2] https://tuxpepino.wordpress.com/2007/05/11/ssh-el-dios-de-la-administracion-remota/

Cómo hacer un archivo PDF a partir de varios JPG (en gnu/linux, claro)

imEs posible que te hayas hecho con una «copia de seguridad» de un cómic completo, o que tengas varias imágenes escaneadas que quieres convertir en un libro en un solo archivo. Para esto, nada mejor que el potente ImageMagick. En este ejemplo vamos a suponer que tienes todas las imágenes que quieres combinar en la carpeta llamada comic que está dentro de tu carpeta personal.

Lo primero es instalar el programa desde los repositorios normalmente, así que en una consola de root:

aptitude install imagemagick

Una vez instalado pasamos a una consola de usuario normal sin privilegios, cambiamos al directorio correspondiente:

cd comic

y lanzamos el programa:

convert *.jpg libro.pdf

El resultado será un archivo pdf de nombre libro que contendrá todas las imágenes de la carpeta. El grupo de archivos puede ser jpg, png u otro, de modo que se podría necesitar el comando convert *.png libro.pdf, por ejemplo.

Se puede apreciar que este es otro uso del mismo programa que usamos en esta entrada, en la que vimos cómo insertar un pdf en libreoffice transformándolo antes en una imagen.

Una puta mierda y las movidas de la UNED

Vía Menéame he encontrado esta historia (que recomiendo de verdad) escrita por un profesor universitario que es como debe ser y observa cómo sus alumnos están sufriendo injustamente las consecuencias de los recortes en educación de este gobierno. Los recortes de presupuesto se notarán mucho más este año en que reducirán la cuantía de las becas y endurecerán las condiciones necesarias para ser merecedor de una. Y mientras tanto se les llena la boca llamando maleducados y violentos a estudiantes que no quieren dar la mano a quien pretende hacerles comulgar con ruedas de molino, que vemos lo que vemos y resulta que es para aumentar el nivel de la enseñanza. Si es que…

En un principio dejé un comentario en el blog y pensé en rebloguear la entrada, pero luego pensé en convertir mi comentario en una entrada propia. ¿Por qué? Pues porque estoy un poco cabreado con la universidad en general. Supongo que habrá universidades que funcionan bien y otras que no, tiene que haber de todo como en botica, pero en la UNED me he encontrado cosas que no me gustan nada. Y la que se lleva la palma es la siguiente:

En la asignatura de Textos literarios contemporáneos en el grado de Lengua y Literatura Españolas se puede uno llevar el manual de la asignatura al examen. Todo esto viene a que en la historia (que espero que hayáis leído ya) da la impresión de que la universidad es una especie de sacrosanto lugar de conocimiento donde los profesores hacen su trabajo y los estudiantes van a aprender con el corazón henchido de amor por el saber y, una vez ahíto este de sabiduría, cantan las excelencias del profesorado y suspiran por compartir con el resto de los seres las mieles del uso meníngeo en una suerte de búdica iluminación que completa el amor universal en el alma del iluminado. ¿Qué tiene esto que ver con lo anterior? ¿Cómo se relacionan la hermosa historia de superación, el examen con el texto delante y las decepciones de la UNED? Pues se relacionan del modo siguiente: el Estado no es el único y sanguinario enemigo de la universidad. Es un mal enemigo, sin duda, ciego y cruel. Pero la propia universidad también se hace la guerra a sí misma. ¿Cómo? Haciendo negocio, desmotivando a la gente y poniéndoles trabas para estudiar en lugar de facilidades. En este caso la opción implicada es la primera: hacer negocio. Decíamos que en Textos Literarios Contemporáneos te puedes llevar el libro de texto al examen. Esto equivale a decir que TIENES que llevártelo. Si el examen presenta la dificultad suficiente para que el libro no sea una herramienta que garantize el aprobado (algo así como llevar las respuestas correctas apuntadas en un papel), entonces hacerlo sin el texto es un suicidio (más o menos creo que se entiende lo que quiero decir, ¿no?). Además está prohibido llevarlo fotocopiado, ha de ser original (a pesar de que las fotocopiadoras y las bibliotecas pagan el puñetero cánon por copia privada). Pero hete aquí que el texto de marras no es un texto de uso general sino un libro escrito por la misma persona que imparte la asignatura, lo que le asegura tantas ventas como alumnos se matriculen. Y para colmo no es barato. Para que os hagáis una idea, este año pagué por la asignatura (como primera matrícula) unos 70 € y por el texto (obligatorio) casi 40. Es decir, el precio de la asignatura sube un 50% porque sí. Menos mal que no todos los profesores usan el mismo sistema. Aún se podría objetar una salvedad: el libro es un texto de referencia que me servirá en un futuro, el autor es una eminencia, etc. Pero es que resulta que el texto es un asco. La puntuación es pésima, hasta el punto de que has de releer algunos párrafos para comprender su significado; tiene errores gravísimos fruto de haber introducido textos a partir de imágenes escaneadas y tratadas con programas de reconocimiento óptico de caracteres (OCR) SIN pasar un filtro como el corrector ortográfico del procesador de textos (ejemplo: página 106, . e! por el ); numerosas incongruencias internas (ejemplo: se mencionan tres libros que escribió Valle Inclán pertenecientes a una inconclusa serie de cuatro libros y, dos párrafos después, se menciona que sólo escribió dos [bendita Wikipedia]. O que una misma persona se llame Giménez y, posteriormente, Jiménez); y ni tan siquiera la maquetación del texto es coherente: en la primera parte los apartados de “cuadro cronológico” están fuera de la numeración interna del capítulo; en la segunda parte no. Ni siquiera el tamaño y tipo de fuente es el mismo en los mismos niveles de esquema en toda la obra. Un auténtico desastre.

Como contrapartida, en la asignatura de Comunicación Oral y Escrita II  las profesoras pusieron a disposición de los alumnos los textos que ellas consideraban suficientes para estudiar el temario en una serie de archivos PDF. Archivos que podías imprimir (o no) y salvar el curso por menos de 5 €. Además, esa era la idea: no gravar a los alumnos con gastos inútiles que dificulten su acceso al estudio. Esa es la idea de algunos profesores, como no se han escrito buenos libros acerca de la literatura española del siglo XX, ninguno, pues escribo yo uno aunque no sepa cómo hacerlo y de paso me pago las vacaciones o me llevo un complemento, como si fuera un parlamentario o un senador, ¿eh?

[ACTUALIZACIÓN 08-04-2015] Quiero dejar constancia, por si no había quedado claro, de que no todos los profesores actúan igual, ni mucho menos, gracias a Tutatis (el profesor de «El español en la Europa Románica» Rafael Rodríguez Marín es de una calidad humana difícil de expresar y no puedo decir de él más que cosas buenas), a pesar de que los que escriben sus propios libros mediocres son legión, y de una cosa más:

El uso, y ya no digamos el apoyo y promoción, del software libre es literalmente inexistente, al menos en las titulaciones de humanidades. Los formatos de archivo abiertos o estándar ni están ni le les espera. No son raros los .pdf con flash incrustado que no hay valiente que los abra si no es con Adobe Reader en algún Windows que te puedan prestar, y olvídate de convertirlo a algún formato legible. Son habituales los .docx para compartir un simple enlace. Y por supuesto, salvo los .pdf normales, absolutamente todos los documentos tienen la extensión de MS Office. En cuatro años de carrera no he visto NUNCA un archivo .txt, .html u .odt. Ni siquiera .zip o .7z para comprimir, siempre .rar.

La uni es el imperio de Windows.

Si esto también representa un problema para ti, te recomiendo que eches un vistazo a la nueva serie de artículos que pretenden acercar ciertas herramientas profesionales a los estudiantes (y no estudiantes) de humanidades (filologías, historia, etc.), que parece que son los que menos se preocupan de estos menesteres… y así nol luce el pelo.

Más cositas sobre la UNED aquí.

Un problema similar (pero peor) en la Carlos III lo podéis leer aquí.

Javier dixit en una entrada original de Bokunoshumi.

[Actualización 31/03/16]: El post original al que se enlaza en el principio de esta entrada ya no existe. Por eso, me he tomado la libertad de reproducir el texto original a continuación. Gracias al autor por estas reflexiones y por su actitud, ojalá todos los profesores fueran como él. A partir de aquí, Una puta mierda de José Manuel López Nicolás:

«No es un alumno más. Este es el segundo año que le he dado clase y en estos dos cursos no ha faltado ni un solo día. Participa en todas las actividades programadas en el aula con un interés que pocas veces he visto en mis más de quince años de experiencia docente. Pregunta, discute, debate… pero siempre desde el respeto hacia el profesor y hacia sus compañeros.

»A la hora de los exámenes lucha como el que más por sacar la máxima nota de la clase. No, no hablo de una buena nota… sino de la mejor nota. Suele lograrlo pero cuando no lo consigue sube al departamento a revisar su examen. Lo hace con educación, sin pretextos y solamente para saber cuáles han sido sus fallos. Los ve, los anota y se vuelve contrariado. Hace un año se quedó en puertas de la matrícula de honor de mi asignatura pero otro compañero hizo más méritos. Se fue de la revisión con los ojos enrojecidos y cuando le pregunte el porqué de su actitud no quiso contestarme. No lo entendí, el sobresaliente que había obtenido era muy meritorio, pero lo dejé marchar.

»Su actitud en las clases prácticas que llevamos a cabo en el laboratorio también es inusual. A menudo aparece con una cámara de fotos para captar imágenes de todos los experimentos que hacemos. Eso sí, me pide permiso cada vez que lo hace. La primera vez que apareció con la cámara le pregunté cuál era su objetivo. “Me gusta enseñarle a mis padres, a mis hermanos y a mis amigos lo que hacemos en la universidad”. No seguí preguntando.

»Pero el amor de este alumno por la ciencia no se queda ahí. Pertenece a dos asociaciones de divulgación científica. No, no solo se limita a pertenecer a ellas, tira del carro de las mismas como el que más. Está presente en cada una de las reuniones, organiza actividades, sube contenidos… su vida es la ciencia.

»Ayer le tocaba volver a examinarse conmigo. Como suelo hacer antes de cada examen imprimo la lista oficial de alumnos matriculados para que luego firmen en ella. El alumno protagonista de este post no estaba en esa lista por lo que no podía examinarse. Pensando que era un error administrativo llamé a la secretaria de la facultad a la que está adscrita la carrera universitaria que está cursando. No, no había ningún error.

»Mi alumno no había podido pagar las cuotas en las que había fraccionado su matrícula y había sido dado de baja en la asignatura. El mazazo fue tremendo. No me lo podía creer.  Tras dos años dejándose la vida formándose para su futuro todo se había ido al traste.

»A lo mejor debería haberme mantenido al margen pero no pude evitarlo y lo llamé. Quedé con él y nos tomamos un café.  Me contó su historia, la misma que está azotando a miles de estudiantes universitarios distribuidos por toda la geografía española.

»A pesar de que estaba trabajando para sacarse la carrera ni sus recursos ni los de su familia le permiten seguir pagando las tasas universitarias. Tiraba la toalla. Yo no podía articular palabra… pero empezaban a cuadrarme muchas cosas.

»Ahora entendía aquellas lágrimas cuando no podía alcanzar la matrícula de honor en una asignatura. El alcanzar la máxima nota le hubiese eximido de pagar las tasas de la matrícula de una nueva asignatura.

»Aguanté el tipo como pude. Creo que no se me escapó ni una lágrima porque mi monumental cabreo no lo permitía. Pero aun hay más. Él no es el único afectado de su situación. Detrás de cada uno de estos casos hay un drama familiar. No me puedo imaginar tener que ver cómo mi hija tiene que abandonar sus estudios por no poder ayudarla.

»Le comenté que hay universidades que están haciendo grandes esfuerzos por intentar ayudar a las personas que se encuentran en su situación. Unas están creando fondos sociales de ayuda, otras crean nuevos programas de becas. Personalmente reconozco el esfuerzo de estos centros pero, sinceramente, creo que son parches. El problema es de raíz. Los alumnos de muchas universidades están pagando en 2012-2013 una media del 38% más que el curso anterior por sus matrículas. Esto es inadmisible. Digamos las cosas claras. Los recortes que se están haciendo en la educación pública de este país son una vergüenza. Mucha gentes los está sufriendo ahora mismo en sus carnes pero voy más allá, en un futuro las consecuencias para nuestro país serán devastadoras.

»Terminamos ese café. Él no ha perdido la esperanza. Está buscando trabajo como loco para poder matricularse al menos de una asignatura para el curso próximo. Me comentó los proyectos que tiene para las dos asociaciones de divulgación científica a las que pertenece. Lo hizo con una ilusión que me dejaba asombrado.

»Me explicó su obsesión por hacer fotografías de cada experimento que hacía en el laboratorio. Su único objetivo en prácticas no era aprobar las asignaturas. Quería llevar la ciencia a la calle. Quería enseñarle al mundo, según sus propias palabras, “que la ciencia también tiene su belleza y que puede llegar a emocionarles tanto como a mí”.

»Durante toda la conversación me demostró que su amor por la ciencia podía más que su drama personal… el mismo por el que están pasando miles de familias en toda España. Yo ya no estaba ni emocionado. Solamente me apetecía mandarlo todo a la mierda. A esta gente, la que de verdad podría ayudar a sacar a nuestro país de la situación en la que se encuentra por su fuerza y sus ganas, se les corta las alas de forma incomprensible. Yo ya estoy hasta los huevos.

»Nos despedimos. Pienso ayudarle. A mi manera. Será otro parche. Pero este tema me ha llegado tan dentro que no puedo mirar a otro lado. Sí, ya sé que a lo mejor soy injusto porque habrá otras personas cercanas a mí en situaciones parecidas. Chavales frustrados por no poder estudiar. Sí, lo que leen, frustrados por no poder estudiar. Tiene cojones.

»Acabo. La situación en la Universidad está llegando a límites insospechados hace unos años. En un primer momento fueron los laboratorios los que se empezaron a quedar vacíos. Los impresentables recortes en investigación provocaron que miles de jóvenes científicos tuviesen que dar por concluida su carrera investigadora al no obtener becas o contratos que les permitieran realizar sus tesis doctorales, estancias predoctorales o consolidar sus plazas definitivas. Ahora las que se quedan vacías son las aulas. Cientos de alumnos empiezan a abandonarlas por no poder hacer frente a los pagos de las tasas universitarias. Los recortes en educación, sumados a los anteriores citados en investigación, están llevando a generar una sociedad que en absoluto estará basada en el conocimiento. Serán otros valores los que reinen en ella. Los mismos que los de las personas que nos han llevado a esta situación.

»Esa tarde tengo otro examen. En unos minutos tendré que imprimir la lista oficial de matriculados. Tengo miedo de lo que pueda encontrarme. Esto es una mierda. Una puta mierda.»

Añadir una hoja PDF en un documento de LibreOffice Writer

Con motivo de un proyecto que tengo que presentar en el que he de incluir, además del contenido del proyecto, algún catálogo comercial que apoye con datos las afirmaciones vertidas en el texto, me he encontrado con un problema.

¿Cuál?

Tener un documento de texto en LibreOffice Writer en su formato habitual, esto es, odt, y un documento en formato PDF que necesito incrustar en el ODT manteniendo las características de este, es decir, números de página, referencias en el índice, etc. Tras intentarlo de todas las maneras posibles, he encontrado una ampliamente satisfactoria y muy sencilla.

Si no lo tienes instalado, instala Image Magick:

aptitude install imagemagick

A continuación escribe, en un terminal de usuario:

convert -density 150 archivo.pdf archivo.png

Ya tienes el mismo documento PDF en un formato de imagen que puedes insertar a través del menú habitual “Insertar – Imagen – A partir de archivo.

En el caso de que tengas un documento de varias páginas de las que necesites solo 1, ábrelo primero con un visor de PDF, imprime las páginas que necesites en un fichero aparte y convierte este a continuación. Si el archivo que vas a convertir tiene varias páginas, la imagen que conseguirás se dividirá en tantas partes como páginas haya en el PDF, en la forma archivo-0.png, archivo-1.png, etc.

Fácil y sencillo, para toda la familia.

Via http://gualb.wordpress.com