Correr descalzo: una de cal y otra de arena

He leído en una página de la Universidad de Harvard dedicada a esto de correr descalzo que

There is no single “perfect running form.” Everyone’s body is different and no single technique could be best for everyone.

de manera que he olvidado un poco lo que he estado leyendo y oyendo y me he centrado más en lo que siento. Poco a poco esto se va puliendo, y el hecho de pisar debajo del cuerpo y levantar rápido los pies del suelo hace, por sí solo (si vas erguido, sin mirar al suelo y con los hombros en su sitio), que la primera parte en aterrizar en el suelo sea la parte anterior del pie, que no haga falta eso de «sujetar» los talones para que no golpeen el suelo y además aumenta la cadencia de manera automática. Como dije en otra ocasión, el correr se vuelve cómodo.

Aunque van cambiando de posición con el paso de las semanas y no he podido verlos al salir de casa sino durante el camino de vuelta, algunos días que ha estado el cielo despejado he disfrutado de la hermosísima vista de Venus, Saturno y Júpiter perfectamente alineados y aún visibles en el cielo ligeramente azulado del amanecer. Si estas vistas y estas sensaciones no hacen afición a esto de correr, no sé qué otra cosa puede funcionar.

Aparte de esto, los dos días que he salido la semana siguiente no ha habido epifanía ni pequeño gran placer. La espalda ha sido una tortura y el camino se me ha hecho largo. Normalmente, al llegar al mirador sobre el mar (unos 10 minutos corriendo, más o menos) me paro y me estiro un poco para superar este agarrotamiento inicial, luego vuelta atrás hasta el camino de subida que me lleva hasta el parque y de vuelta a casa.

Este arrancar otra vez tras parar un minuto o dos se me ha hecho duro, por mí me volvía andando y me metía en la cama de buena gana. Creo que estoy pillando un resfriado o algo así, porque ahora me duelen las articulaciones y estoy completamente empanao, me cuesta moverme y hasta pensar.

En fin, quiero pensar que este dolor de espalda es por la gripe incipiente y que voy por el buen camino para que se me pase de una vez.

escribí en su momento. Tampoco fue para tanto. En una semana, nuevo.

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Correr descalzo: seguimos mejorando

Tras el accidente que contaba en la última entrada, he estado sin salir (a correr) 8 días por culpa del golpe en la uña. Aún me duele, pero poco, y me ha servido para ser más consciente de la pisada e ir evitando el «agarrarme» al suelo para traccionar que puede que sea una manía mía. Tampoco me parece tan descabellado usar los dedos ya que los tengo, pero tengo que estudiar las recomendaciones de los expertos al respecto. Y estudiar cómo funcionan estas cosas en mis propias carnes.

Ya ha pasado el día 21 que salgo a correr en unos dos meses (y para mí esto es un triunfo) y, según una teoría que no sé ni de dónde viene ni quién la propuso o si solo es una leyenda popular, se supone que es el tiempo necesario para convertir algo en costumbre. Aunque no creo que pueda marcar una línea tan definida como 21 días o 22, en mi humilde opinión está surtiendo efecto. Por cierto, uno de estos días la luna estaba llena y justo sobre los acantilados. Entre eso y que el mar estaba muy revuelto, la luz iluminaba la neblina que el mar forma al romper contra las rocas. El paisaje parecía sacado de una peli de Tim Burton. Correr con estas bellas imágenes enfrente de uno es otro pequeño placer que añadir a la lista, y ya van unos cuantos.

Otro día la espalda se ha relajado por sí sola por primera vez en meses y ha dado a la carrera un giro inesperado. Realmente ha sido una sensación fantástica.

Sigo con mis 3 Km. recorridos aproximadamente en 15 o 16 minutos. Con el mismo circuito de siempre, aunque planes más ambiciosos se están fraguando en mi mente…

Me he dado cuenta de que la relajación en los pies y los tobillos mientras están en el aire es primordial. Parece imposible aterrizar suave y confortablemente haciéndolo por la fuerza, pero una vez te relajas los pies se colocan solos y solo hay que preocuparse de «sujetar» el talón para que se apoye en el suelo pero no lo golpee (solo hay que preocuparse de sujetar los talones, de relajar los tobillos, de correr erguido, de relajar los hombros, de doblar las rodillas…).

Otra cosa: dado el desfase entre que estas entradas en el diario de un aspirante a corredor se escriben y se publican, es a estas alturas que he visto el material que XoseM ha compartido amablemente en los comentarios al día 2. He seguido alguno de los consejos de Mark Cucuzella, como run, don’t text ‘corre, no teclees’, que no quiere decir otra cosa que ‘yérguete, ponte derecho, y mira hacia adelante’. Parece de Perogrullo, pero es más difícil de lo que parece teniendo en cuenta la costumbre de estar sentado.

Correr erguido y con los hombros atrás (más bien «no encorvado y con los hombros en su sitio») favorece a su vez una respiración más relajada y natural y una pisada diferente, y se nota mucho. Es más fácil pisar debajo del cuerpo en lugar de por delante; uniendo este «pisar debajo» con la relajación de pies y tobillos en la fase aérea resulta en un correr absolutamente silencioso, cómodo y con muy poco tiempo de contacto de los pies con el suelo. Probablemente sea esto lo que está ayudando a que cierta musculatura se relaje. La musculatura de los glúteos y la zona lumbar, en lugar de «estabilizar la zancada – sujetar el tronco – estabilizar la zancada»
está haciendo algo más parecido a «estabilizar la zancada – relax – estabilizar la zancada», con lo que es menos propensa a dolores contínuos y extremadamente molestos.

Correr descalzo: actualización

Voy a dejar de hacer una crónica semanal acerca del descalcismo en Bokunoshumi porque, en realidad, los progresos son lentos y, aunque sean emocionantes para el que los disfruta, pueden ser un auténtico tostón para el que los lee. Aun así, no quiero dejar de escribir acerca de esta experiencia que está siendo reveladora en muchos aspectos y está cambiando mi manera de pensar de un modo insospechado y más profundo de lo que podría imaginar en un principio.

Por eso, a partir de ahora habrá entradas acerca de correr descalzo, sin duda, pero sin una periodicidad concreta y, probablemente, centradas en el hecho de correr y las cosas que se le pasan a uno por la cabeza mientras tanto.

En realidad, espero que sea algo más entretenido, tanto para mí que lo escribo como para vosotros que lo leéis. Además, así no me torturo por el desfase acumulado entre que suceden las cosas y se publican semana a semana.

Recibid un saludo todos vosotros corredores minimalistas, pensadores minimalistas o pensadores a secas. Seguid esta serie de artículos, que espero que os entretengan un poco al menos. Si os inspiran para hacer algo distinto, me sentiré más que pagado.

Correr descalzo: tercera semana

A pesar de cuento esta como la tercera semana, en realidad hace 10 días que no salgo y, aún así, me he encontrado bien. No pude salir por culpa de la espalda, pero hace un par de días que he cambiado de fisio y me ha sentado bien. Este nuevo terapeuta me ha recomendado lo mismo que el anterior: ejercicio y ejercicio para coger tono. Y en eso estamos.

He alargado un poco el recorrido, llegando hasta el mirador y volviendo al camino de vuelta a casa en lugar de enfilar directamente como antes. Es algo menos de un kilómetro más, o sea que andamos en torno a los 3 Km.

Me he dado cuenta de que hago algo mal porque tengo una zona erosionada (más que erosionada debería decir endurecida) en la punta del segundo dedo, a medio camino entre la uña y la yema. Lo que creo es que estoy «arañando» el suelo al despegar el pie derecho. Es algo a estudiar, sin duda. A causa de esto he estado preocupándome sobre todo de correr bien erguido, relajado y cuidando el movimiento de los pies. El resultado ha sido algo más de fatiga en la parte posterior de las piernas, un ritmo más elevado aún sin querer y menor cansancio general. También un aterrizaje más suave de los talones contra el suelo. Todo ventajas, oiga. Y es más fácil cada vez con el fortalecimiento (ligero aún) de las piernas. Concentrarse bien en el antepie a la hora de aterrizar es muy agradable, y la sensación ha cambiado bastante, se nota más blando, menos rígido en el contacto con el suelo.

Además, está empezando a notarse dificultad en calzarse unas botas después de correr descalzo, realmente las estructuras se relajan y se expanden, creo que los pies crecen. Me da la impresión de que, al masajearlos, estos son más maleables a la vez que más fuertes, pero solo son pocos días, ya veremos.

Esta semana, bajando por la calle pero aún por la parte alta, se veían Venus directamente delante y, sobre los edificios hacia el sureste, Júpiter. Casi en línea con ellos, la gigante roja de Antares. Otro pequeño placer para la lista. ¡Estas cosas hacen afición!

Y para rematar resulta que me he dado un golpe fuerte en la uña del dedo gordo y ahora me duelen la uña (que se pondrá negra, por lo que parece) y la articulación entre el metatarsiano y la falange. A ver qué pasa estos días, pero me da a mí que voy a pasar un tiempo (otro) sin salir.

Correr descalzo: resto de la segunda semana

El resto de la semana, salvo un día en que llovía un poco he aumentado la distancia muy ligeramente hasta los 2 Km y medio.

Ese día había charcos por todas partes y el frío se notaba mucho más con el suelo mojado, no húmedo como otras veces. Y entre el frío y el agua del suelo los pies han sufrido mucho. Supongo que más a causa del agua que del frío, porque otros días la temperatura era menor y no tuve estos problemas. El caso es que el cemento rugoso ha empezado a molestarme a menos de un kilómetro de casa durante el camino de vuelta, es decir, tras correr un kilómetro o kilómetro y medio, y he dado una vuelta por detrás del museo para acortar camino. Así, además de ahorrar unos metros, iba pisando aceras más suaves que el cemento del paseo.

También he probado a variar un poco el circuito habitual. Resulta que se me ocurrió salir del cemento de las aceras y el paseo y darme una vuelta por el parque. Mala idea. Llevo muy poco tiempo corriendo descalzo y , de momento, la gravilla de las sendas de los parques es demasiado agresiva. Se juntaba, además, el suelo mojado y los pies fríos. Al final me he limitado a la hierba y entre los dos trozos de hierba que me permitirían salir del parque y volver a la acera he pasado andando. Eso sí, la hierba es toda una sensación, y más si está húmeda. En una zona el terreno estaba encharcado y he disfrutado como un gorrino en una charca.

También he tenido que prestar mucha atención a la pisada. Estaba empezando a relajarme y golpear fuerte con las plantas de los pies en el suelo. Lo que hice fue concentrarme en doblar un poco más las rodillas y «sujetar» los talones después de pisar con el antepié, de manera que toquen el suelo y se apoyen, pero que no golpeen con fuerza. Además, me he dado cuenta, cuando casi resbalo en un paso de cebra, de que voy lanzando los pies hacia adelante y frenando la zancada, ¿me explico? He prestado atención a pisar debajo del cuerpo y correr como sobre brasas ardientes (eso lo he leído en algún lado) y resulta que así lo más difícil es correr despacio. Bajar el ritmo corriendo así me da una sensación horrible de ser poco menos que ridículo, de correr estilo pasillo del asilo. Afortunadamente, a las horas a las que estas cosas suceden, alrededor de las 6 y media de la mañana, no hay nadie que me vea así que tengo libertad total.

Otra cosa chula que me ha pasado esta semana es que uno de los días me encontré con una brisa fría frontal en el camino de ida. En el camino de vuelta, por lo tanto, era brisa a favor. El acompañar al viento es una sensación estupenda, iba corriendo en completo silencio, sin más sonidos que mi propia respiración.

Al día siguiente, junto al mar, hubo viento fuerte en contra y pese al ritmo caracólico y las buenas sensaciones anteriores me cansé bastante. Y en una rampa muy intensa que hay para subir desde el mirador de nuevo a la calle tuve que subir andando. Mi forma física es deplorable, pero los pies responden bien y las piernas poco a poco se van desentumeciendo. Lo único que no acompaña como debiera es la espalda.