LaTeX: ingredientes e instalación

Parafraseando a Fray Luis de León, decíamos ayer…

Que lo único necesario para poder trabajar con LaTeX era un editor y la propia instalación de LaTeX. En cuanto al editor, no puede ser más sencillo: cualquiera vale, desde el «bloc de notas» de Windows hasta Emacs. Hay unos cuantos editores dedicados exclusivamente a LaTeX, como LyX, LaTeXila o Gummi (o TeXstudio en Windows y TeX Shop en Mac). Estos editores dedicados tienen botones para ciertas funciones y ahorrarse teclear los códigos. A la larga es más cómodo teclear, aunque no lo parezca. Por eso, voy a dar por supuesto que usas un editor de texto plano como Emacs (recuerda que vale cualquiera). Seguir leyendo

LaTeX: el comienzo

Antes de empezar con la materia, en esta primera entrada acerca de LaTeX me gustaría explicar qué es LaTeX y por qué es interesante para lo que nos atañe: las humanidades.

Estamos acostumbrados a procesadores de texto como LibreOffice Writer, como Microsoft Office, Abiword, etc. Son programas del tipo WYSIWYG, es decir, lo que ves es lo que consigues. Cuando uno teclea y organiza su texto en un programa de este estilo está viendo, al mismo tiempo, el resultado de su trabajo, el aspecto final que tendrá una vez impreso. Sin embargo, no es la única manera de manejar un texto. De hecho, una vez que compruebes la potencia y sencillez de LaTeX el trabajo con otro tipo de procesadores de texto te resultará laborioso, poco intuitivo y de resultados más que mediocres. Las diferencias son grandes, y no solo en el resultado o en el manejo. Vamos por partes.

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Nueva etapa 2: informanidades

Hola de nuevo:

Finalmente he tomado una decisión acerca del  tema visual del blog, y es dejarlo así a corto plazo, es decir, buscar más despacio y meditadamente un tema que me guste más que este. Así que de momento, se queda como está.

Eso en cuanto a la primera parte del título de esta entrada. Respecto a la segunda parte:

Informática + Humanidades = Informanidades.

AlfabetoEs bien sabido de todos los que seguís el blog que mi experiencia universitaria no puede ser peor en lo tocante a algo de suma importancia para mí (y para muchos otros): la libertad de los formatos y del software. La mía es una carrera de letras, y las titulaciones de humanidades están vergonzosamente vendidas al software y los formatos privativos, en la práctica, a una sola empresa, dos a lo sumo. El estándar de facto está tan instituido que nadie se plantea su situación respecto a la informática que usa. En las carreras técnicas (sobre todo en Informática, obviamente) la situación es diferente, pero las opciones están enfocadas a sus materias. Más adelante se entenderá mejor lo que quiero decir con esto.

En mi humilde opinión, este concepto de la informática dentro de las titulaciones de letras es producto de la ignorancia. Desde hace tiempo, la formación en informática se ha limitado a un producto determinado, si aprendes ofimática, MS Office; si aprendes informática, así en general, MS Windows; si vas a cursos de «internet», las búsquedas en Google son el ABC. Por eso quiero ofrecer otro punto de vista. A los que seguís el blog seguramente no os hará falta, pero me gustaría ofrecer una alternativa viable y MEJOR (esto es importante) al uso de formatos propietarios sin renunciar a una calidad profesional de los trabajos. Este concepto me parece primordial, no se trata de hacer algo que sea «parecido» o que «así ya vale». Se trata de comprender que «libre es mejor» y demostrarlo, que la compatibilidad y la flexibilidad no nos llevarán a la búdica comunión con todos los seres, pero sí a la interacción con todas las máquinas y sus usuarios, y sobre todo a resultados óptimos.

Y en mi búsqueda de la libertad aumentando a la vez la calidad de mis trabajos me he topado con tres formatos de documentos (y una herramienta, pero eso será más adelante) que no se han explorado lo suficiente en el campo de los textos. Me estoy refiriendo a LaTeX, html y el texto plano (los archivos .txt de toda la vida). Son formatos increíblemente versátiles, increíblemente potentes y con unas grandes posibilidades de utilización dentro de los estudios de lenguas, historia, derecho… disciplinas todas basadas en el texto. Y aquí, aunque parezca lo contrario, es donde está el problema: toda la documentación, casi todos los manuales y, desde luego, la gente que programa estas maravillas pertenecen al mundo técnico y tecnológico. Por ejemplo, la inmensa mayoría de los manuales de LaTeX que se pueden encontrar tienen enormes listas de símbolos matemáticos (porque es un formato muy potente con las matemáticas), pero poca información acerca de otros usos. Y si puede con la edición profesional de complejísimas fórmulas, ¿podrá con los símbolos fonéticos? Puede, ya os digo yo que sí. Y con la poesía, y las tablas, y las imágenes, y…

Tras esta introducción / justificación, os cuento lo que me propongo: comenzar una serie de artículos que, comenzando por el principio, aunque sea repetir cosas ya sabidas por muchos y muy fáciles de encontrar en la red,  y poco a poco, se metan en profundidad en parcelas puramente de estudios literarios o, de manera genérica, humanísticos. Estarán basados en lo que yo he ido aprendiendo lentamente durante estos años de carrera, habrá muchas cosas que necesitéis saber y que yo no sepa resolver. Por eso lo mejor es que preguntéis, porque colaborando, preguntando, todos aprendemos algo, sobre todo yo, que es lo que me interesa.

También pretendo continuar con las entradas en «Japonés paso a paso». Paciencia conmigo, os lo ruego. Pero mi intención es seguir con ellas, que así me sirven de repaso.

¡Bienvenidos a Bokunoshumi!