Correr descalzo: seguimos mejorando

Tras el accidente que contaba en la última entrada, he estado sin salir (a correr) 8 días por culpa del golpe en la uña. Aún me duele, pero poco, y me ha servido para ser más consciente de la pisada e ir evitando el «agarrarme» al suelo para traccionar que puede que sea una manía mía. Tampoco me parece tan descabellado usar los dedos ya que los tengo, pero tengo que estudiar las recomendaciones de los expertos al respecto. Y estudiar cómo funcionan estas cosas en mis propias carnes.

Ya ha pasado el día 21 que salgo a correr en unos dos meses (y para mí esto es un triunfo) y, según una teoría que no sé ni de dónde viene ni quién la propuso o si solo es una leyenda popular, se supone que es el tiempo necesario para convertir algo en costumbre. Aunque no creo que pueda marcar una línea tan definida como 21 días o 22, en mi humilde opinión está surtiendo efecto. Por cierto, uno de estos días la luna estaba llena y justo sobre los acantilados. Entre eso y que el mar estaba muy revuelto, la luz iluminaba la neblina que el mar forma al romper contra las rocas. El paisaje parecía sacado de una peli de Tim Burton. Correr con estas bellas imágenes enfrente de uno es otro pequeño placer que añadir a la lista, y ya van unos cuantos.

Otro día la espalda se ha relajado por sí sola por primera vez en meses y ha dado a la carrera un giro inesperado. Realmente ha sido una sensación fantástica.

Sigo con mis 3 Km. recorridos aproximadamente en 15 o 16 minutos. Con el mismo circuito de siempre, aunque planes más ambiciosos se están fraguando en mi mente…

Me he dado cuenta de que la relajación en los pies y los tobillos mientras están en el aire es primordial. Parece imposible aterrizar suave y confortablemente haciéndolo por la fuerza, pero una vez te relajas los pies se colocan solos y solo hay que preocuparse de «sujetar» el talón para que se apoye en el suelo pero no lo golpee (solo hay que preocuparse de sujetar los talones, de relajar los tobillos, de correr erguido, de relajar los hombros, de doblar las rodillas…).

Otra cosa: dado el desfase entre que estas entradas en el diario de un aspirante a corredor se escriben y se publican, es a estas alturas que he visto el material que XoseM ha compartido amablemente en los comentarios al día 2. He seguido alguno de los consejos de Mark Cucuzella, como run, don’t text ‘corre, no teclees’, que no quiere decir otra cosa que ‘yérguete, ponte derecho, y mira hacia adelante’. Parece de Perogrullo, pero es más difícil de lo que parece teniendo en cuenta la costumbre de estar sentado.

Correr erguido y con los hombros atrás (más bien «no encorvado y con los hombros en su sitio») favorece a su vez una respiración más relajada y natural y una pisada diferente, y se nota mucho. Es más fácil pisar debajo del cuerpo en lugar de por delante; uniendo este «pisar debajo» con la relajación de pies y tobillos en la fase aérea resulta en un correr absolutamente silencioso, cómodo y con muy poco tiempo de contacto de los pies con el suelo. Probablemente sea esto lo que está ayudando a que cierta musculatura se relaje. La musculatura de los glúteos y la zona lumbar, en lugar de «estabilizar la zancada – sujetar el tronco – estabilizar la zancada»
está haciendo algo más parecido a «estabilizar la zancada – relax – estabilizar la zancada», con lo que es menos propensa a dolores contínuos y extremadamente molestos.

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