Antes de empezar con la materia, en esta primera entrada acerca de LaTeX me gustaría explicar qué es LaTeX y por qué es interesante para lo que nos atañe: las humanidades.

Estamos acostumbrados a procesadores de texto como LibreOffice Writer, como Microsoft Office, Abiword, etc. Son programas del tipo WYSIWYG, es decir, lo que ves es lo que consigues. Cuando uno teclea y organiza su texto en un programa de este estilo está viendo, al mismo tiempo, el resultado de su trabajo, el aspecto final que tendrá una vez impreso. Sin embargo, no es la única manera de manejar un texto. De hecho, una vez que compruebes la potencia y sencillez de LaTeX el trabajo con otro tipo de procesadores de texto te resultará laborioso, poco intuitivo y de resultados más que mediocres. Las diferencias son grandes, y no solo en el resultado o en el manejo. Vamos por partes.

LaTeX no es un programa. LaTeX es un conjunto de macros para un motor de composición de textos llamado TeX. TeX (pronunciado «tej») fue programado por Donald Ervin Knuth, según cuenta la leyenda, harto del pobre resultado en la impresión de sus trabajos académicos. Pero trabajar con TeX no es sencillo, de ahí que surgiera, gracias a Leslie Lamport, un conjunto de macros, es decir, unas órdenes simplificadas que son traducidas a un lenguaje que TeX sea capaz de entender. Hay otros conjuntos de macros para TeX que no son LaTeX, como LuaTeX, XeTeX y otros. La implementación actual de LaTeX se llama LaTeX2e.LaTeX2e

Decíamos que TeX es un motor de composición. ¿Qué es eso?

Cuando quieres que un impresor publique un libro, debes entregarle el texto, solo el texto, bien mecanografiado, impreso en una impresora o incluso escrito a mano. Entonces un maquetador toma el texto y decide qué aspecto tendrá. No pondrá la misma tipografía, los mismos márgenes o cabeceras de las páginas en un conjunto de poesías que en un ensayo sobre la influencia de la Contrarreforma en la arquitectura de los conventos castellanos, por ejemplo. Luego ese texto acompañado de un montón de instrucciones acerca de cómo colocar las notas al pie o el número de página se pasa a un compositor, que se encarga de colocar correctamente y de la mejor manera posible cada letra en su sitio siguiendo las indicaciones del maquetador. LaTeX funciona de esta manera, de modo que no se puede ver el resultado igual que en un procesador de textos de los del tipo habitual. Uno entrega el texto y las anotaciones necesarias sobre él, como los títulos de los capítulos, el nombre del autor y alguna cosa más, como veremos. Y se puede comprobar el resultado solo cuando el compositor ha terminado su trabajo y entrega el texto impreso.

Esto, que pudiera parecer un engorro o un problema añadido, en realidad no es tal. Normalmente, en los programas de uso típico, el mismo que escribe el texto ha de estar pendiente del aspecto que debe tomar, y no siempre es fácil, pues el texto debe ser leído y no es el aspecto en sí lo que se debe resaltar sino que debe estar al servicio de la legibilidad y ordenación lógica del texto. Y es muy habitual, incluso en documentos «profesionales», encontrarse formatos inconsistentes aunque estéticamente agradables que no facilitan su interpretación lógica.

Con LaTeX hay que definir el tipo de texto de que se trata, el tamaño de página y algunas precisiones más (todas optativas) y, a partir de ahí, escribir. Los dos «empleados» de la imprenta, el maquetador y el compositor, harán su trabajo y producirán el mejor resultado posible. Es cierto que hay que aprender ciertas cosas, al fin y al cabo no es más que un lenguaje de marcado dentro de un documento de texto plano, y además es complejo definir formatos nuevos que se salgan de los parámetros predefinidos, pero tiene muchas ventajas:

  • El aspecto final de la composición es muy elevado, mucho mejor que con un programa WYSIWYG.
  • La flexibilidad es total, y es posible escribir complejas fórmulas matemáticas (que no nos interesan a nosotros), símbolos fonéticos, caracteres extraños en el mismo documento con calidad «de imprenta».
  • Las funcionalidades pueden ser ampliadas muy fácilmente con macros accesorias, además fáciles de conseguir y normalmente gratuitas.
  • Es difícil escribir un trabajo mal estructurado con LaTeX porque el escritor debe especificar la estructura del documento, no intentar expresarla a través del aspecto estético.
  • Es un formato libre, no hay que pagar derechos ni conseguir licencias para usarlo para cualquier propósito. Y funciona en cualquier plataforma, no importa si usas GNU/Linux, MacOS, Windows, BSD… De hecho, para generar un documento impreso o listo para imprimir (como un PDF) necesitas una instalación de LaTeX, obviamente, pero para escribirlo no, es suficiente con un editor de textos normal y corriente, de manera que puedes editar los archivos con el móvil si es necesario.
  • Siendo texto plano el fichero es sumamente ligero, fácil de guardar, enviar, abrir y editar incluso en máquinas de muy bajas prestaciones. Intenta diferenciar los márgenes en páginas pares e impares en un documento de 1500 páginas con notas al pie y referencias cruzadas en Word o LibreOffice. Y después con LaTeX. Te sorprenderás.

Desventajas: producir documentos que no sean estándar dificulta mucho la tarea. Normalmente las opciones que TeX y sus macros permiten son adecuadas (y suelen ser la mejor opción), pero si se quiere variar el formato en profundidad la cosa se complica. Y hay muchas posibilidades de que el resultado sea cualquier cosa menos óptimo.

La otra desventaja que tiene es que hay que aprender algo nuevo y muy distinto a lo que es habitual, sobre todo en nosotros los de letras. Aunque esto a mí me parece más bien otro punto a favor.

Ya está claro que LaTeX tiene muchas ventajas, ¿qué necesitas para trabajar con LaTeX? Solo dos cosas: un editor y el propio motor de LaTeX. Pero eso será en la próxima entrega.

Este artículo es un artículo original de Bokunoshumi.

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Un comentario en “LaTeX: el comienzo

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