Feedback y política. La intención real.

El feedback o retroalimentación es la técnica por la cual las acciones de un sistema son observadas por el mismo sistema con el objeto de corregir su conducta. El ejemplo clásico es el del termostato del horno o de la calefacción. El sistema de calefacción aumenta la temperatura del hogar paulatinamente hasta que una parte de él detecta que ha llegado a un valor prefijado y apaga la producción de calor. En el momento en el que es necesario más calor conecta de nuevo el sistema de producción y la temperatura asciende de nuevo manteniendo así un valor constante que fluctúa entre un máximo y un mínimo que se pueden seleccionar (en este caso con un mando o controlador, una centralita en un lugar de la casa).

Este ejemplo es un ejemplo de enciende-apaga, pero también podemos imaginar una serie de sistemas llamémosles continuos que funcionan en una infinita gama de valores intermedios. Uno de los que se me viene a la mente es un sistema básico de control de la temperatura de un planeta colonizado por margaritas propuesto por James Lovelock como ejemplo básico de su teoría de Gaia. En este planeta hay una población de margaritas blancas que cubre toda la superficie. El color blanco omnipresente reduce el albedo a escala planetaria lo suficiente para que la temperatura global tienda a descender. Las margaritas proliferan de este modo aumentando el efecto de la aumento de la reflexión de radiación solar. Este bucle que se ha creado se autoalimenta: cuanto menor es la temperatura mayor es la capacidad de reproducción de las margaritas. Hasta un punto crítico; cuando las temperaturas pasan de tórridas a primaverales las flores se ven beneficiadas, pero cuando pasan de primaverales a gélidas las margaritas no son capaces de sobrevivir, de modo que se abren grandes claros que muestran la roca desnuda, que se calienta y permite que la temperatura suba de nuevo.

Estos ejemplos son sistemas autónomos o automáticos que se autoregulan y permiten al sistema permanecer dentro de los parámetros deseados. En los sistemas humanos pasa lo mismo: las acciones del sistema tienen unas consecuencias que modifican las condiciones del mismo sistema.  Imaginemos las teorías del libre mercado. En ellas, según la ley de la oferta y la demanda, el sistema económico se autoregula. Cuando un producto no tiene demanda su precio disminuye, y lo hace hasta un punto en el que se vuelve atractivo frente a la competencia. Una vez que su demanda aumenta, puede hacerlo a su vez el precio, lográndose una especie de equilibrio inestable. Seguro que cualquier economista que lea esto estará deseando cortarse las venas o, lo que es peor, cortármelas a mí, pero grosso modo, la cosa es algo así. En realidad, el mercado autoregulado no existe ni por asomo salvo en la teoría y constantemente se ven interferencias legislativas para favorecer ciertos tipos de productos.

Con la política es similar. Tenemos un sistema que, ante un estado inicial X, toma unas determinadas decisiones para hacer evolucionar el sistema hacia un estado diferente Y, igual que hacía el termostato del horno (baja la temperatura, luego conecto la energía, luego la temperatura sube…). El problema con la política es que el objetivo que persiguen las acciones que toma el gobierno, en casos como el que se da hoy en España, no está nada claro o, como a mí me parece, sí que está claro pero no nos interesa nada.

El estado inicial es la crisis de deuda, el estancamiento de la economía y el elevado desempleo. Y entonces el gobierno toma unas decisiones que no pienso analizar ni criticar en su esencia; las han tomado sesudos analistas (cortos de vista y de seso, a mi parecer) que han estudiado cosas que solo se nombran en inglés y que han hundido a varias empresas. El hecho de hundir empresas y causar pérdidas acojonantes a los bancos parece que le dan a uno una pátina de inversor que, curiosamente, le abre las puertas a los consejos de administración de más bancos y más empresas. Esto es algo que me fascina pero no quiero discutir aquí, de modo que sigo.

Tras el análisis de las condiciones iniciales se toman unas decisiones. Esas decisiones modifican el sistema y el estado de este evoluciona. Las condiciones iniciales se tornan peores, es decir, si había crisis de deuda ahora es peor, si la economía estaba estancada ahora está en recesión y, si antes había paro ahora se ha doblado la cantidad de desempleados. Es hora de que el gobierno (el mecanismo que regula el sistema) haga un balance de la evolución de esas condiciones iniciales, pero ese balance no se hace o, si se hace, persigue algo muy distinto a la reducción de la deuda, el descenso del paro o la activación de la economía. Tenemos un planeta de flores negras a las que les gusta el calor. A medida que el suelo se calienta, las flores se reproducen a mayor velocidad, lo que produce recalentamiento del suelo por la elevada absorción de radiación de un objeto negro. Más calor, más flores; más flores, más calor, es un círculo vicioso. Pero todo tiene un límite. Hay un punto en que la vida no es posible, en que el agua se evapora o las proteínas se desnaturalizan, da igual, hay un límite físico tras el que el sistema colapsará sí o sí.

No sé qué economía pretenden reactivar subiendo impuestos, bajando salarios y recortando derechos. No sé quién pagará los subsidios de la gente que no pueda vivir más que de los subsidios. No sé quién creará empresas que no se haya ido ya al extranjero. Tampoco sé con qué ingenieros, médicos o intelectuales formarán nuevos ingenieros, médicos e intelectuales. Ahora resulta que tras invertir miles de euros en formar profesionales de buen nivel es parte de la inquietud juvenil emigrar para trabajar en Alemania, Brasil o Estados Unidos.

Es muy simple: las medidas no funcionan, por lo tanto hay que tomar OTRAS medidas. Otras medidas que logren revertir la situación hasta que, por ejemplo, la inflación resulte un problema. Llegados a ese punto, es necesario variar las decisiones, igual que hace el termostato: a veces se enciende y a veces se apaga. Pero no se hace (tomar otras medidas, digo), lo que me lleva a sospechar que el objetivo, realmente, no es la reversión de la situación, sino el empobrecimiento general, la privatización de servicios y la pérdida de derechos. El objetivo es vender el Estado a las corporaciones y aumentar hasta límites orwellianos el control sobre la población, obedeciendo a ciegas a “los mercados”, teniendo contentas a las eléctricas aunque suponga aumentar la dependencia energética del exterior, criminalizando las tecnologías de la información, tratando a la banca como si fuese población desfavorecida mientras tratan a la población como vagos sin derechos, diciendo amén a las mismas agencias de calificación que daban AA+ a Lehmann Brothers una semana antes del crack. Etcétera.

O eso, o Mariano Rajoy y su equipo son más tontos que el termostato de un horno.

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