Afirmaciones tendenciosas

Me acabo de encontrar un artículo en El País firmado por Javier Bardem acerca de cuánto daño hacen las descargas a “los creadores”. Tiene mucha razón en todo lo que dice si no se profundiza un poco. Si uno piensa seriamente en el tema, a poco que lo haga se dará cuenta de algo: el Sr. Bardem no tiene en cuenta el intento de la industria de utilizar los nuevos canales de distribución (internet) saltándose los intermediarios, manteniendo el precio y aumentando los beneficios. Ejemplo:

Ayer me quise comprar un libro. Lo vi en una estantería de una librería, me gustó y pregunté el precio: 20 € más algunos céntimos. Con ese precio cobra su parte el escritor, la sociedad de autores de turno, el que fabrica el papel, el que fabrica la tinta, los distribuidores del papel, la imprenta, el transportista, la librería, el empleado de la librería y alguien más que seguro que se me olvida. A continuación me picó la curiosidad por saber si me compensaría un lector de libros electrónico, comprar los libros en internet y hacerme así una biblioteca del siglo XXI por poco dinero, así que lo busqué. Pero resulta que el libro en una librería virtual cuesta 16 € y algunos céntimos, de los que el escritor se lleva lo mismo que antes y los artesanos de la cultura que cita el Sr. Bardem pasan mirando. ¿A dónde va el resto? ¿Es que del precio de un ejemplar en papel sólo 5 €, el 25 % del total, son para la fabricación, distribución y venta del producto? Si es así, ¿no estarán artificialmente inflados el resto de los conceptos que conforman el precio del libro? Ahora para la editorial, igual que para el usuario, hacer el número de copias que considere oportuno es gratis. No hay que imprimir, embalar y distribuir a los puntos de venta ningún artículo físico. Es más, la copia no existe, tan sólo un trasvase de información sin destrucción del original. Ahora, una vez que hay una copia del texto en un ordenador, ya está en todas partes. Estar en todas partes y en una sola es lo mismo, el número de copias se ha vuelto una cuestión irrelevante. Pero sigue costando lo mismo. Después lo encontré gratis en media docena de sitios.

Esto sólo significa una cosa. La industria no se adapta, no quiere soltar lo que era un negocio muy lucrativo y sustituirlo por otro negocio, también muy lucrativo, pero diferente. Quiere mantener de modo artificial un modelo obsoleto que no beneficia a los autores, al menos no a todos. Pero “los autores” se manifiestan a favor de las medidas propuestas. ¿Quienes? Los autores “de marca”, los que son producto de la industria o son mimados por ella. Aquí propongo un juego. Gana el que encuentre un músico o escritor rechazado por las editoriales o las discográficas  y que publique en la red que esté a favor de las medidas que propone la administración norteamericana a través de nuestro ministerio de las industrias culturales.

Un sistema bien hecho haría que cada vez que se pulsa el botón mágico y se manda a la cola del Inem a un vendedor de libros en una librería, el autor de la obra cobrase un precio justo por ella y el usuario pagase un precio justo que incluyese la parte del autor y el mantenimiento de los servidores en los que se aloja la obra, pongamos unos 2 €. Con un precio adecuado y una accesibilidad bien diseñada se hubiera terminado el problema.

Pero en todos los casos, el pintor que es un hacha con los colores se va al paro y a la industria le importa un pito.

Y otra cosa. Fabricar un disco de vinilo cuesta, pongamos, 5 €. Y te lo venden a 20 €. Fabricar un CD cuesta, pongamos, como mucho, 20 céntimos. Y te lo siguen vendiendo a 20 €. Y “fabricar” una copia digital cuesta 0 € (o unos pocos céntimos por lo de los servidores y eso) y vale unos 10 € (en iTunes un disco de 10 canciones). Pero estas técnicas no son ni ilegales ni inmorales. Si tienes un vinilo y quieres descargar el álbum para tu reproductor portátil, lo vuelves a pagar. O lo quieres en CD para renovar el equipo de música y lo vuelves a pagar. La industria abusa y es técnica de mercado. Le sale el tiro por la culata y es un crimen y una bacanal de violaciones.

Dios, cómo me gustaría hablar con este señor cara a cara. Menos mal que no ha escrito que la piratería está acabando con el cine español.

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